domingo, 21 de marzo de 2010

Mujer, Casa y Estamento (Oihane Oliveri)

EL LIBRO: 'Mujer, casa y estamento en la Gipuzkoa del siglo XVI'.
Autora: Oihane Oliveri Korta.
Edita: Diputación Foral de Gipuzkoa. Colección Estudios.

«Las mujeres tenían poder, pero sin paridad: sólo las elegían cuando no quedaba otro remedio»
La historiadora errenteriarra Oihane Oliveri Korta ha pasado muchos años en compañía de mujeres como doña Marina López de Mallea que, pese a haber muerto hace cinco siglos, le ha enseñado mucho acerca del papel que jugaron las mujeres en la constitución del estamento hidalgo en la Gipuzkoa del siglo XVI y las funciones que les correspondieron en la definición y el desarrollo de un modelo social que permaneció vigente hasta que los aires ilustrados comenzaron, en el siglo XVIII, a dar otro rumbo a la Historia.

La relación entre la historiadora y la señora que, en 1547, fundó en Bergara el mayorazgo de los Eguino-Mallea comenzó hace diez años, cuando una beca le permitió adentrarse en los documentos del Archivo General de Gipuzkoa. Y ha culminado con la publicación del libro 'Mujer, casa y estamento en la Gipuzkoa del siglo XVI', editado por la Diputación, que la autora y la diputada de Cultura, María Jesús Aranburu, presentaron ayer en el Palacio Foral. En el libro, que recoge la tesis doctoral de Oihane Oliveri y, en consecuencia, no es un trabajo de divulgación sino un tomo de 680 páginas prolijo en notas y en bibliografía, la autora pone de relieve el papel que tuvieron las mujeres en la Gipuzkoa de la Edad Moderna y, de paso, contribuye a paliar la escasez de trabajos historiográficos sobre la mujer, evidente también en el ámbito de la historia gipuzcoana y vasca.

Mujeres con autoridad
Las señoras hidalgas en la Gipuzkoa del siglo XVI tenían autoridad, y la ejercían. Básicamente porque, al igual que en otros territorios del entorno, podían recibir en herencia la casa, así como transmitirla. Y no se puede ignorar que el estamento hidalgo hizo de la casa -en una acepción que va mucho más allá del lugar de residencia y que trasciende el ámbito de lo privado-el eje de su organización social. Oihane Oliveri, que ha recreado la realidad de las hidalgas guipuzcoanas a través de la trayectoria de la casa de los Eguino-Mallea, no oculta que la afirmación de que las guipuzcoanas de hace cinco siglos tenían mando en plaza debe ser matizada: «Es cierto que muchas participaban en el gobierno de la casa, administraban el patrimonio, intervenían en el comercio y tenían poder, pero no había paridad: sólo las elegían por delante de un hombre cuando no quedaba otro remedio».

En realidad, en la mayoría de las ocasiones el papel de las mujeres hidalgas se centraba principalmente en «garantizar la reproducción física y social de la casa» o en «ser instrumentos para conseguir aliados» a través de complicadas estrategias matrimoniales, que más que con el matrimonio propiamente dicho tenían que ver con el patrimonio. De ahí que las constataciones de la historiadora acerca del papel de las guipuzcoanas del siglo XVI tengan que pasar también por el tamiz del estado civil, ya que las funciones relativamente relevantes que tuvieron algunas mujeres estaban reservadas a las casadas o las que habían enviudado. Es decir, a las que habían cumplido el principal objetivo vital de las mujeres de la época: casarse, y a poder ser bien, porque frente a la variedad de opciones civiles y militares que tenían los varones que no se casaban, el único camino que podían transitar las solteras de la época era el que las llevaba directas al convento.

Sin poder político
Aunque la hidalguía en Gipuzkoa era universal, Oihane Oliveri reconoce que esa visión casi mítica del guipuzcoano noble 'per se' también requiere la correspondiente puntualización, porque la importancia del patrimonio marcaba la diferencia y hacía que, siendo todos hidalgos, unos lo fueran bastante más que otros. De hecho, al patrimonio estaba vinculado el derecho a elegir y a ser elegido y, en consecuencia, a gobernar una provincia que compatibilizaba su servicio a la Monarquía Hispánica con la gestión de sus propios asuntos. Y no eran precisamente los que menos tenían los que más ascendían en la escala, cada vez más estrecha, del poder político. En el caso de las mujeres, ni tan siquiera se planteaba la cuestión, ya que la actividad política les estaba directamente vedada, «aunque participaban de modo muy en política, apoyando a sus maridos».

Oliveri subraya que, salvando las distancias, «el esquema que regía en las principales familias de Gipuzkoa se mantenía también en los caseríos más humildes». Y advierte que para aquellas mujeres era con toda seguridad secundario el carácter básicamente instrumental que tenía su autoridad, «porque, al igual que los hombres, vivían por y para la casa y el linaje», sin dar importancia a su dimensión como individuos. Por eso el sistema declinó cuando la Ilustración descubrió que los derechos individuales existían, aunque el cambio no supuso forzosamente ni a corto plazo una mejora en la situación de las mujeres.

2 comentarios:

  1. Kaixo Benttu. Oraintxebertan ez daukat denborarik leitzeko zure artikulua, baina interesantea dirudi eta astean zehar irakurriko dut gogo handiz. Mila esker kolaborazioagatik

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  2. Interesgarria. Ondo zehazten du aitonensemeen "berdintasun ezberdina" eta idealizaziotik aldentzen gaitu (batez ere emakumeei)

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